viernes, 15 de enero de 2016

Sumando belleza





Ahí estaba ella con sus "50 cosas que debes saber sobre Matemáticas". A primera vista, la única ecuación que podría sugerir al cruzarte a mi protagonista es la de "gafa-pasta sumado a pelazo y cara bonita, dividido por outfit casual equivale a moderna divina de Malasaña que pasa por tu lado y no te da ni la hora". 

¿Por qué.?. ¿ Por qué siempre tenemos esa absurda costumbre de pensar que una guapa está por encima del bien y del mal y está tan vacía que no va a reparar en adquirir conocimientos que vayan más allá de las nuevas actualizaciones de filtros de Instagram.?. ¿Por qué dar por supuesto que la belleza está reñida con la inteligencia.?. ¿ Por qué nos choca que se informe sobre 50 cosas de ciencias y no prefiera leer "50 sombras de Grey".?.
Muchos "por qué" me asaltan ante este tema en el que parece que las mujeres de buen físico tengan que demostrar, continuamente, que igual que se arreglan antes de salir a la calle también se arreglan el cerebro antes de hablar. 

Siempre asociamos, siempre tendemos a quedarnos con las primeras impresiones. Siempre daremos por hecho que una mujer no puede cultivar cuerpo y mente a partes iguales o, incluso, descuidando más su culo que su intelecto. 
¿Qué pasa si quiero tener el culo bien rodeado de carne.?. ¿ Dónde dice que tiene que ser de acero y no caerse en los próximos cincuenta años.?. Si tengo el culo caído quiere decir que es porque dedico mucho tiempo a estar sentada leyendo.?. Y si soy guapa e inteligente es porque me ha abducido una nave de alienígena del planeta Victoria Secret y me ha entubado una pócima de suero de la Wikipedia.?.

Me preocupa el concepto de belleza que se ha labrado en nuestra sociedad. Parece que, si no tienes cara de Hollywood junto con cuerpo esculpido por un artista griego, no te corresponde "gustar". Lo siento bonita, ya te llamaremos, pero en esta vida no te vas a comer un rosco porque a nosotros nos ha dado la gana marginarte y dejarte en el olvido. 
Parece que sólo cuenta el envoltorio, todo el mundo obvia que más allá del físico habita el alma. Esas almas que sí son las que en todo caso deberían regir el grado de belleza de cada dueño. Al fin y al cabo, el cuerpo es un mero vehículo, quien emana belleza es el ser que los dirige. Luego resulta que eres una gran hija de puta pero como eres mona se te perdona todo e incluso estás cotizada para un puesto de jefaza.

Cuántos pivones conozco que tienen la inteligencia justa para pasar el dia y que, sobretodo, nunca he visto en ellos un gesto humano más allá de mirarse su ombligo dando por hecho que todo gira a su alrededor para tocarles las palmas allá donde pisan. No son bell@s, tan sólo son una "cara bonita".

Dicen que "el orden de los factores no altera el producto" pero creo que hablando de belleza lo que ocurre es que la importancia de dichos factores se ha distorsionado.
Si se habla de personas, que cada uno establezca su propio "ranking" pero nunca olvidando que, en definitiva, el mejor factor del que uno puede disponer es el que nunca podrá ser palpado. 






miércoles, 16 de diciembre de 2015

Que corra la tinta


Fotografía: metro Madrid, línea 8 - Nuevos Ministerios


Ella ha sido la que ha activado ese  “click” que hacía un tiempo no se había despertado dentro de mi... Gracias desconocida.
Estaba a mi lado, de espaldas, leyendo un libro que parecía aislarle del gentío del vagón de metro.
En realidad podría llamarla ”metaviajera” ya que estaba viajando (en metro) dentro de otro viaje (el de la lectura). ¿ O acaso ella no se estaba adentrando en una historia mientras realizaba un trayecto.?. Pues eso, ya sé cómo voy a denominar al acto de leer dentro del transporte público: “metaviaje”; me resulta especial eso de encontrarme con situaciones materiales que plasmen el lenguaje y, oye, no es muy habitual encontrar situaciones que muestren “algo dentro de otro algo ” y den así significado a este prefijo griego (-meta). Llámame rara, gracias.

Pero lo que me ha hecho vibrar para verme escribiendo estas líneas ha sido el símil que he detectado entre la lectura y los tatuajes (como el de mi desconocida). Puede parecer algo inconexo pero ella me ha evidenciado su lazo de unión: la tinta. Porque uno de los motivos por lo que nos tatuamos es debido a un algo o alguien que, para nosotros, tiene historia que nos marca y, por ello, queremos que nos acompañe de por vida en nuestra piel. 

La lectura proporciona eso, adentrarse en una historia de la que ya no hay retorno y que puede que, ese libro que empezamos, nos deje marcados de por vida. Muchos libros nos descubren nuevos aprendizajes, nos regalan historias reales o de la más pura fantasía, algunos incluso nos llegan a iluminar por la puerta que nos abre a otro nivel de conciencia.

¿ Y cómo se plasman las historias en los libros.?. Gracias a la tinta. Esa tinta que impregna las hojas dibujando palabras, personajes, situaciones, descripciones…Esa tinta que, como la de los tatuajes te dejará marcado de por vida puesto que cuando abres un libro empiezas un nuevo viaje, sin billete de vuelta.

lunes, 16 de noviembre de 2015

"Truman"

Maravillosa, como todo lo que toca de cerca Ricardo Darín (mejorando lo presente en Javier Cámara). No hace falta una superproducción, ni grandes decorados, bandas sonoras rimbombantes o fastuosos vestuarios. Casi siempre, en lo más sencillo, se encuentran las grandes cosas. 
De esta forma, con situaciones tan cotidianas como dos amigos, un perro, un barrio madrileño, una consulta de hospital, una cafetería o un aeropuerto, esta película me ha removido a lo grande. 

¿Quién no conoce a alguien que tiene cáncer.?, ¿quién no ama a los animales.?, ¿quién no valora la amistad.?, ¿quién no se ha angustiado ante una despedida.?. La muerte, cómo afrontarla, intentar estar a la altura de nuestras amistades, la protección de los que más amamos...Son tantas cosas con las que uno puede sentirse identificado gracias a esta película que me extraña que a alguien pueda resultarle indiferente.

Planos de una perfección absoluta, diálogos cercanos, situaciones vitales, interpretación impecable de sus actores, atmósfera tangible tratando lo intangible. Hablando claro, de lo que a ti y a mi nos puede suceder en esta o en otra vida; empatizando con nuestros miedos más comunes.
Y es que, muchas veces, la realidad supera la ficción y, otras, es la ficción la que nos muestra la más cruda y real realidad. Esta película es de esas, de las que no hay que dejar pasar, como la vida...




lunes, 2 de noviembre de 2015

Jugar a encajar

Fotografía: metro Madrid - línea 3 Villaverde Alto


Mi protagonista de hoy andaba haciendo malabares con sus manos. Con mucha rapidez intentaba cuajar los colores de su juguete. 
Podría ser la representación de uno de los más repetidos comportamientos del ser humano, porque parece que nos pasemos toda la vida intentando encajar. Encajar en el nexo de una família, en el colegio, con un grupo de amigos o (mucho peor) de desconocidos, en un nuevo trabajo, con una pareja...
Siempre tratando de que las caras de nuestro cuadrado sean parte complaciente de un "algo". Muchas veces descuidando lo que somos, con tal de pertenecer a un entorno que parece deba aprobarnos. 

Creo que descuidamos lo más importante: encajar con nosotros mismos. Si nuestras piezas no se engarzan en nuestro interior nunca tendremos la certeza de que todo fluye. Nunca atraeremos lo que somos. 

Antes de nada, podríamos probar a que nuestras palabras encajen con nuestros pensamientos y que nuestros actos lo hagan con lo que nos dicta nuestro corazón . Si no, la incoherencia se hará dueña de nuestros colores y, pudiendo ser un homogéneo cubo de Rubik, nos asemejaremos a un puzzle del que siempre falte la pieza clave para completarlo. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Manchémonos


Admiro a la gente que le gusta mancharse. Mancharse en general, por una causa, por una persona, por un sueño o, simplemente, porque sí. Porque disfrutan haciendo lo que la mayoría no se atreve hacer y es salir a la calle sin mirar a los lados. 
Desentonar, hoy en dia, es una virtud. Desentona el que sonríe a quien no le sonríe, quien prefiere evitar un conflicto, quien dice lo que piensa... Desentona quien defiende una injusticia, quien besa con pasión en mitad de la calle, quien tararea una canción cuando se supone que no procede o quien lleva pintura en la cara mientras corre.

En este caso, mis fotografiados venían de participar en una carrera  (Holi Run) que junta deporte, alegría y música. Donde miles de participantes son rociados con polvos de colores a cada kilómetro recorrido y, cuyo final, es inundar el cielo de la ciudad de tonalidades bien vivas. Y sí, ellos le dieron esa misma frescura al vagón, mientras se reían por cómo les miraba la gente, sabedores de ser el punto de mira y, al mismo tiempo, llevando los colores como si lucieran en sus  rostros el más bonito de los frescos de Miguel Angel.

En realidad, son esas personas que se manchan, las que le dan color a la vida.



Fotografía: metro Madrid - linea 3 Villaverde Alto

miércoles, 7 de octubre de 2015

"Regresión" (Alejandro Amenábar)


Amenábar regresa a los cines y lo hace dejándonos un extraño sabor de boca. Sin haber leído ninguna crítica, pero conocedora del repetido comentario de su "inesperado final", me meto en el cine con muchas ganas de ver "Regresión". Al sentarme en la butaca ya empiezo a notar que mi cuerpo está tenso y, la película, consigue mantener cierta parte de tensión gracias a la lúgubre ambientación de unos grises escenarios con unos personajes con pinta de esconder mucho.
Pero, muchas veces, uno entra en tensión de forma sugestionada e inducida por el recuerdo de la filmografía que ya conoce de un director. En este caso, si algo me ha resultado sobresaliente en su carrera, fue su primera película, "Tesis" que sí consiguió crear en mí ese efecto de "terror psicológico". 
"Regresión" ni de lejos lo ha conseguido. Por eso creo que gran parte de esa tensión me la provoqué yo solita debido, supongo, al propio miedo a sentir miedo.
Sí, toca el tema satánico, pero no termina de cuajarlo. Es como un quiero y no puedo (o un "no quiero" de la forma convencional a la que estamos acostumbrados en los desenlaces de la gran pantalla).

Bruce Keener (Ethan Hawke) es un detective que investiga el caso de una joven, Angela (Emma Watson), que acusa a su padre de cometer un macabro crimen. Es el propio padre quien reconoce dicho suceso y es cuando el psicólogo Dr. Raines (David Thewlis) ayuda en el caso para revivir sus reprimidos recuerdos, a través de la práctica de la regresión. La historia de una conspiración que gira en torno a los macabros rituales de las sectas satánicas.

El final no es el final que uno espera que suceda. Pero, puede que ahí es donde quiere llegar, porque así es como la mente crea el miedo. Uno crea en su imaginación situaciones que pueden crearle la mayor de las fobias y, cuando se enfrente a dicha situación, se da cuenta de que no es tan fiero el león como lo pintan (o como uno se lo pinta). 
¿Acaso cuando te enfrentas a un examen de fin de carrera que no te ha dado tiempo a preparar no sientes miedo.?. Miedo a un suspenso, ansiedad porque te la juegas en una prueba, angustia por saber que puedes pasar otro año arrastrando un curso... Pero, mira por dónde, llegas al examen y te preguntan justo el único tema que llevabas bien preparado. Resulta que sucede un giro radical, el cuento cambia y te encuentras redactando las respuestas como un coser y cantar. ¿Qué ha pasado.?. Pues eso, que tu mente te había inducido a esperar lo peor. Malditas expectativas. 

El negro panorama que te habías dibujado resulta que se convierte en una amena viñeta de comic. Y todo porque tu mente había creado un oscuro panorama de algo que aún no ha pasado. Si hubieras ído a ese examen confiando en que todo va a ir a tu favor te hubieses ahorrado un sin vivir innecesario.
Pues así funciona el miedo: paralizando.

Así que me niego a pensar que Amenábar ha invertido años de trabajo en un banal desenlace carente de mensaje. Creo que pretende ir un poco más allá, puede que haya querido darnos una vuelta y nos ha usado como ratones de un laboratorio experimental. Ha conseguido que probemos la medicina del miedo, puesto que durante la película vas montando una historia que luego se desvanece con un giro en su final. Ha querido jugar con el espectador y lo ha conseguido porque sales del cine con cara de tonto y, cuando llegué a casa, estuve reflexionando durante una hora sobre esta película. Por mi parte, todo lo que dé que pensar bienvenido sea.

Nos envuelve en una historia macabra para luego liberarnos de un plumazo de el halo del Mal. Porque está claro que, si algo también quiere dejarnos claro es que el Mal existe y que puede esconderse tras un angelical rostro, como tantos personajes poderosos de la Iglesia, como muchos presidentes de estados o países; eso que siembran la política del miedo para paralizar a su población y hacer con ella lo que quieren. Como Amenábar ha hecho con nosotros en este adorable juego. 




domingo, 27 de septiembre de 2015

"Irrational man" (Woody Allen)

Salgo del cine de ver la última creación de Woody Allen con un buen sabor de boca. Menos mal que tengo la sana costumbre de no hacer caso a las críticas (en este caso las que me habían llegado eran negativas). Tan cierto es aquello de que "para gustos los colores" y, si de colores va la cosa, siempre se confirma que, lo que uno puede definir con un color marrón caca, para otro puede ser un gustoso y bien ácido amarillo limón. 

Esta vez, el director, nos regala una historia que se sucede a través de un continente ligero para tratar un contundente contenido: la moral y la cuestión que rodea a la idea de si "el fin justifica los medios" junto a las consecuencias que ello puede acarrear. Así, mi admirado Woody, nos vuelve a dar que pensar sobre un tema bien controvertido. Y es que todos sabemos cómo definir la moral pero, nunca la hemos tocado, ni olido, ni saboreado, por eso, como todo lo intangible, es subjetivo. 
Claro está que, esa subjetividad puede ser la excusa perfecta para que el ser humano se auto-engañe y, así, poder justificar e incluso disculpar sus actos. 

Abe Lucas  (Joaquin Phenix) un profesor que atraviesa una crisis existencial, aterriza en una universidad para impartir clases de filosofía. Una de sus compañeras de claustro, Rita Richards (Parker Posey), que ansia ser rescatada de su infeliz matrimonio, le da un insistente recibimiento con la absoluta evidencia de que tenga una aventura con ella. 
Al mismo tiempo, Abe descubre en Jill (Emma Stone) a la alumna más brillante de su clase. También ésta tiene pareja y es Roy (Ben Rosenfield), su novio, desde el primer momento, quien vaticina  el deslumbramiento de su amada por el nuevo profesor.
Abe y Jill van forjando una relación más pausada, menos sexual pero más fluida y con esencia, (o eso parece) que con Rita. Una relación, en principio, de amistad que comienza basándose en la mutua admiración (cuyo nexo es el amor por la literatura y la poesía) pero que acaba despertando sentimientos románticos en ella. 
La trama girará en torno a una casual situación donde profesor y alumna escuchan los lamentos de una mujer, deseándole lo peor a un juez que ha actuado de verdugo para/con ella. Se despierta en Abe un instinto asesino, que él mismo quiere disculpar a través de un punto moralista y que le liberará de su amargura personal, devolviéndole las ganas de vivir. 

Allen sigue regalándonos relaciones interpersonales dispares y con tintes de nuestra realidad más cotidiana, como también personajes contradictorios situaciones surrealistas o pequeños detalles (el de una linterna) que, pudiendo pasar inadvertidos, no son meros objetos ya que al final cobran sentido convirtiéndolos en elementos de cierre.

Me quedo con la frase, del filósofo Kierkegaard, que cita Abe en una de sus clases "La angustia es el vértigo de la libertad". Precisamente, es él quien vive angustiado y cree liberarse a través de un acto (que no voy a desvelar); algo totalmente contradictorio e incoherente (como bien le gusta a Woody Allen retratar a sus personajes). Precisamente, la sensación de libertad es la clave para saber que no se necesita de nada para hallar un estado de paz interior puesto que es un trabajo personal, de uno mismo en su interior y no aferrándose o culpando al exterior de "nuestros males". Pero ahí es donde reside la gracia de la contradicción (una constante en las películas de Woody Allen) ya que, sin ella, no seríamos humanos porque rozaríamos la perfección y ahí es cuando sería todo aburrido. Curioso como quien ejerce de profesor es quien menos lecciones puede dar

Con este film, el director, vuelve a brillar  a su manera, como la luz de una linterna.